viernes, 22 de septiembre de 2017

La combatividad de una paloma, apreciado tesoro.

  Muchas son las condiciones que una mensajera de fondo debe poseer para el desempeño con éxito en las grandes batallas. Las más determinantes, sin duda alguna, están escondidas en su interior, en algún rincón donde la ciencia probablemente jamás llegará.
Los pedigrees, los no dudosos, nos ayudan a aglutinar en un pedazo de papel números, palomas, campeonas, todas ellas con ese coraje, ese legado tan buscado transmitido generación tras generación. Y es ahí cuando las cartas quedan marcadas definitivamente. Sin duda, mejor que ello tenga lugar en tu casa, de ese modo no habrá duda alguna de que lo que afirmo es cierto. Si te lo cuentan, por el camino a buen seguro caen muchas migas.
  Lo contrario, el papel, el sello, y la firmita engañan a unos y a otros. Unos se acostumbran a mentir en ellos por un puñado de euros, y otros lo agradecen, pues el mero manoseo de aquel papel merece el desembolso. O cabe también la posibilidad de que no hubiera mentira alguna,  pero si handicaps por el camino. Algo que al apasionado colombofilo medio le cuesta entender. 
   Los amantes de las palomas tienen una gran cualidad, y es que hablamos de gente con un apasionamiento desmedido, desbordado e infinito, pero pesa sobre ellos un defecto congénito difícil de extirpar. ¡Somos muy inocentes!. 
No quiero nombres, quiero hechos. Con las palomas sucede lo mismo. Ese querer regresar a casa bajo cualquier circunstancia, deshidratada, mal herida, o, como en muchas ocasiones sucede,  mal preparada, y que a pesar de ello, se pose en el tejado de tu palomar, eso y no otra cosa es lo que distingue a una buena mensajera, a una elegida, del resto de gregarias, del resto de los de su generación.
   Sucede sin embargo que en esos días soleados en los que nos levantamos alegres y positivos, llegamos a creer que tenemos el palomar lleno de ese tipo de animales excepcionales, y lo cierto es que suele ser todo lo contrario. Somos tan ingenuos que tendemos a pensar que esa nueva adquisición, tan sólo por proceder de un gran campeón, aliviará nuestros resultados. O incluso peor, tenemos la capacidad para olvidar nuestra pésima campaña anterior y verlo todo de color de rosa meses más tarde. Adolecemos de criterio, un mal muy extendido.
Finales de un verano cualquiera, recién destetada la pichonada del año, todo se torna en ilusiones, proyectos, cientos de pensamientos positivos, todo es verde, pero... al finalizar la campaña, por lo general, se  nos presenta un cuadro que nada tiene que ver con aquellas expectativas que nos habíamos generado. Un año mas...

La combatividad, la garra, el querer a pesar de todo, el carácter, el tesón, son cualidades determinantes para las pruebas de fuego, pero nosotros preferimos quedarnos con los nombres, con las formas, con la fotografía, y con un sin fin de estupideces. Nos regodeamos en la salsa, y despreciamos por norma al plato principal.  
Esas cualidades  enumeradas poseen un valor incalculable, pueden adquirir formas inimaginables, pero los eruditos, los profesores sin aula, los necesitados de impartir clases sin haberse graduado, tratan de instruirnos en sus causas perdidas, y por encima de todo, su objeto es acotarlo todo. Que nada quede suelto. Que si las palomas tienen que ser así,  que si asa, el ala, el chalado del ojo, .... 
La colombofília no entiende de límites. En ese saco caben todos los locos que uno quiera imaginar.

Os dejo con un texto de 1974 de Francisco Pérez Tester. Claro, al grano, conciso y sin grietas. No, no se notan esos 43 años, en los que ha pasado de todo. El texto es inmaculado.






PabS